domingo, 20 de abril de 2008

No votaré a Rajoy

Hoy pensaba publicar la tercera y última parte del análisis que venía haciendo sobre la ley electoral en España, pero creo que merece la pena dejarla para más adelante. El motivo ha sido la salida a la escena política (por fin, después de seis semanas) de don Mariano Rajoy. Seis semanas de silencios, de callar más que decir, de aplazamientos de estrategias, de nombramientos que parecían el parto de los montes...

Seis semanas en las que el PP parecía de vacaciones (¡qué cansada ha sido la campaña electoral!) mientras que el PSOE se ponía en movimiento, manteniendo a María Emilia Casas como presidenta del Tribunal Constitucional, forzando la máquina para que los recursos del juicio del 11-M se decidieran cuanto antes (habría que ser muy malpensado para imaginarse que podría ser para dar carpetazo al asunto cuanto antes), manteniendo en el gobierno a algunos de los ministros más incompetentes y sectarios de la democracia o aprobando el trasvase- que- no- es- un- trasvase para llevar el agua- del- Ebro- que- en- realidad- no- viene- del- Ebro a Barcelona.

Según pasaba el tiempo y el PP se mantenía a la espera, sin hacer una oposición real porque había que esperar a ver cómo se comportaban los nuevos ministros (¿verdad, Soraya?) una cantidad creciente de simpatizantes pensábamos que se debía únicamente a una estrategia encaminada a forzar el descontento entre las filas del partido para hacer saltar a los disidentes y ponerlos en evidencia antes del congreso de Junio. Y la primera en saltar fue, cómo no, Esperanza Aguirre.

Podríamos pensar que fue ingenua y mordió el anzuelo, pero yo prefiero argumentar que fue valiente y decidió dar el salto y poner las cartas sobre la mesa antes que asegurar su propia seguridad personal. A partir de ahí, respondió el de siempre, avisándola de que no tendría apoyos (él sí los tuvo, sin embargo, cuando se presentó Manuel Cobo a la presidencia del PP en Madrid). A partir de ese momento, se desató la lucha entre facciónes. Con Aguirre, el PP de Madrid en pleno (excepto los de siempre), Alejo Vidal-Quadras, Álvarez Cascos y mucha gente que cree que el mensaje liberal es lo que necesita la sociedad española. Por el otro lado, aparte de Gallardón y su séquito, Arenas, Camps, Valcárcel, Sirera y tantos otros que creen que su continuidad en la poltrona depende de llevarse bien con el jefe. En el medio, gente como Mayor-Oreja, que parece que todavía no se han decidido.

Y una vez definidas las posturas, el gran jefe lanza el envite: en su partido caben todos, incluida la socialdemocracia, y el que no esté a gusto, que se vaya al Partido Liberal o al Conservador. Es decir, que caben todos... excepto los liberales o los conservadores.

Se cayeron las caretas. Se destapó el engaño. Cuatro años de lucha tirados a la basura. Por fin hemos descubierto cuál va a ser la política de Mariano Rajoy y compañía para el futuro. Han triunfado las tesis de Gallardón y de Piqué; de Feijoo y de Rato; de Arriola y de Costa... Ha calado la idea de que manteniendo planteamientos propios de la derecha, el PP nunca ganará unas elecciones: debe centrarse, acercándose a las tesis socialistas. No se da cuenta de que estas últimas elecciones las ha perdido no por desplazarse demasiado a la derecha, sino quizás por ser demasiado tibio en sus planteamientos en contra de los desmanes del gobierno. Muchos nos hemos cansado de avisar de que si perpetra ese giro al centro, es posible que gane algunos votos de socialistas desengañados, pero perderá muchos de los votos naturales de la derecha. Él sabrá lo que hace.

¿Por qué lo ha hecho? ¿Por qué ha traicionado a sus electores y se ha echado en brazos de quien quiere destruirlo? Permitidme lanzar al aire una hipótesis: A don Mariano le han convencido de que no podrá ganar unas elecciones sin el apoyo de los medios de comunicación. Y ahora mismo, apoyo, lo que se dice apoyo, no tiene el de ninguno. Los medios que se muestran muy críticos con el Gobierno (la COPE, la Razón, Libertad Digital, a veces El Mundo y muy poquitos más) no se sienten obligados a dar un cheque en blanco al PP con tal de que no gane el PSOE; lo apoyarán siempre que sus políticas se adapten a los ideales de estos medios, ideales que, por otra parte no siempre coinciden entre ellos. Por lo tanto, el PP, haga lo que haga, nunca tendrá el apoyo unánime de un sector grande de la prensa.

Por otro lado, no es ningún secreto que el equilibrio de poder en la prensa de izquierdas se ha desplazado: tras la muerte de Polanco, el grupo Prisa ha perdido el favor del PSOE, que ha otorgado su confianza a la Mediapro de Roures, por lo que necesita ahora un aliado que la mantenga en la posición de privilegio que ha disfrutado en las últimas décadas. Ese aliado bien podría ser el PP, siempre, claro, que modifique sus políticas hacia posiciones más "socialdemócratas", por lo que no debe extrañar la flojera de piernas ideológica que le entraría a Mariano Rajoy ante la perspectiva de contar, de la noche a la mañana, con el apoyo de El País y la SER. En este sentido, no dejan de ser clarificadoras sus palabras aludiendo a que a él le han pedido presentarse los militantes, no una radio o un periódico (toma puñalada a la COPE y a El Mundo).

Pero, en ese caso, que no cuente con mi voto. He pasado en las últimas elecciones de la abstención al voto popular simplemente para parar la descomposición democrática que se está produciendo en España y para que se empiecen a aplicar, de una vez por todas políticas liberales que nos pongan a la cabeza de Europa. Si vamos a ir por los caminos de la socialdemocracia, que no cuenten conmigo: mientras siga en el PP este equipo dirigente, no lo volveré a votar. Ya que se va a seguir por el camino de la desigualdad y de la destrucción del edificio constitucional, prefiero que lo hagan los socialistas y criticarlos por ello, a que lo haga un partido al que he confiado mi voto.

domingo, 6 de abril de 2008

Proporcionalidad (II)

Comentaba en el post anterior que el actual sistema electoral beneficia en gran medida a los grandes partidos nacionales (PP y PSOE), y no a los nacionalistas, como habitualmente se asegura. Intentaré argumentarlo con datos.

En el sistema electoral actual se siguen los cálculos de la famosa ley d'Hont. El país se divide en circunscripciones electorales (asimiladas a las provincias) a las que corresponde un número determinado de escaños dependiendo de su población, siempre con un mínimo de un escaño por circunscripción. Para asignar estos escaños a los partidos políticos se siguen una serie de cálculos que reparten proporcionalmente los escaños entre todos los partidos que hayan obtenido al menos el 5% de los votos. De esta forma, un mismo número de votos resulta en una diferente asignación de escaños dependiendo de la circunscripción, lo que vulnera la idea de "un hombre, un voto". Además, este sistema fomenta la existencia del llamado "voto basura", es decir aquellos votos que, una vez alcanzado un límite, no ayudan al partido a conseguir más escaños. El ejemplo más extremo de este voto basura se da en Ceuta y Melilla: con un escaño en juego para cada una, todos los votos que el primer partido sobrepase al segundo son, en realidad votos "tirados a la basura".

¿Cómo conseguir modificar esta situación? La idea más generalizada es que un voto debería tener el mismo valor en Vigo, en Alcalá de Henares, en Sort y en Melilla. Esto implicaría la creación de un sistema de circunscripción única donde los votos que sobran en Madrid se pudiesen sumar a los que faltan en Murcia para obtener un nuevo escaño. Según la mayor parte de la gente, esto hundiría a los nacionalistas, cuyos votos se verían diluidos en el conjunto de España y perderían gran parte de su poder. Vamos a ver qué parte de verdad hay en esta afirmación.

Muestro a continuación los datos (número de votos y número de escaños) resultantes de las últimas elecciones generales de Marzo de 2008. Incluyo únicamente aquellos partidos que han obtenido representación parlamentaria. Están ordenados por número de votos para que se aprecie mejor la incoherencia voto/escaño:


Llama la atención que un partido que ha obtenido casi un millón de votos se vea recompensado con dos escaños, mientras que otro con tres cuartos de millón obtenga 11, por lo que se entienden las protestas de estos partidos.

Comprobemos ahora cómo quedaría el parlamento aplicando una ley puramente proporcional (a más votos, más escaños). Ignoro si habrá otro método de hacer las cuentas; el método que yo he seguido ha sido dividir el número total de votos válidos (25.067.387) entre los escaños en juego (350), para saber cuántos votos cuesta cada escaño (en este caso, 71.621). Si dividimos el número total de votos obtenidos por cada partido entre la relación voto/escaño, obtenemos el número de escaños asignados a cada formación. Aquellas formaciones que consiguen escaño con menos de 71.000 votos lo hacen debido a los decimales de la división. Los datos son los siguientes:


¿Qué consecuencias se extraen de estas tablas? En primer lugar, los partidos nacionalistas no sólo no se han hundido, sino que han proliferado. El único partido nacionalista que pierde escaños con este sistema es el PNV, que pasaría de 6 a 4. CiU se mantiene, al igual que CC-PNC y Na-Bai, y entran en el congreso partidos nacionalistas como el Partido Aragonés, Chunta Aragonesista y Coalición Andalucista, así como otros no nacionalistas, como Ciudadanos, Los Verdes o el Partido Antitaurino Contra el Maltrato Animal. Los grandes beneficiados serían Izquierda Unida (11 escaños más) y Unión, Progreso y Democracia (3 escaños), mientras que los grandes perjudicados son el Partido Socialista (pierde 15 escaños) y el Partido Popular (pierde 11). ¿Entendemos ahora por qué no se ha cambiado todavía la ley?

Por lo tanto, un sistema proporcional no sólo no ayuda a la gobernabilidad, sino que paralizaría la vida del Congreso, al restar capacidad de acción a los partidos mayoritarios y multiplicar la presencia de partidos minoritarios, en un remedo de lo que llevó a fracasar al parlamentarismo en la Segunda República.

Pero entonces, ¿Cuál es la solución para evitar este cúmulo de despropósitos? La respuesta, en un hilo posterior.

Proporcionalidad

De nuevo; como cada año electoral, vuelve a estar de plena actualidad el sistema de asignación de escaños. Nadie está contento con el que tenemos, e incluso los políticos que desarrollaron la ley electoral durante la transición afirman sin pudor que fue, probablemente, su mayor error.

Pero vayamos por partes. ¿Cuál es el problema que tiene nuestra ley electoral? Cualquiera medianamente informado responderá a esta pregunta diciendo que es tremendamente injusto, ya que prima enormemente la concentración del voto dentro de una misma circunscripción, lo que da una gran ventaja a los partidos nacionalistas que, de esta forma, se encuentran sobrerrepresentados con respecto a otras formaciones que consiguen un número similar de votos, pero con más dispersión territorial.

Los dos casos más paradigmáticos de este agravio se han dado este año en IU y en UPyD, que se han visto perjudicados al compararse con CiU y PNV, respectivamente. IU consiguió 963.040 votos y 2 escaños, mientras que CiU alcanzó 774.317 votos y 11 escaños; UPyD, por su parte, consiguió 303.535 votos y 1 escaño frente a los 303.246 votos y 6 escaños del PNV. No puede sorprendernos que éstos hayan sido los dos partidos que más han protestado por la discriminación de la actual ley electoral, mientras que partidos que no se sienten agraviados, como PP o PSOE, ni entran a comentar el asunto, ni se plantean la modificación de la ley.

Sin embargo, también como cada año electoral, PP y PSOE vuelven a lamentarse del enorme peso que los partidos nacionalistas -algunos realmente radicales- tienen sobre la vida política española. Cuando uno de los dos grandes partidos nacionales no obtiene la mayoría absoluta se ve abocado al pacto con minorías como BNG, PNV, CiU o ERC, que en no pocas ocasiones marcan la línea de gobierno. De esta forma, no dejaba de ser curioso que, en la anterior legislatura, el partido que más peso tenía sobre las decisiones del gobierno era ERC, con un miserable 2,54% de los votos. Pero entonces, ¿por qué no se unieron los dos partidos mayoritarios para modificar la ley electoral? Entre ellos sumaron en las anteriores elecciones el 80% de los votos, resultado más que holgado para dar legitimidad a la nueva ley que de ese consenso saliese.

Y la triste respuesta es que no les conviene. Ni a uno ni a otro. Porque, en realidad, el actual sistema electoral a quien beneficia no es a los nacionalistas, sino a los grandes partidos nacionales. Le duela a quien le duela. Publicaré los datos detallados en el post de la semana que viene.

miércoles, 12 de marzo de 2008

Sacrificios

Cómo tienen que estar los ánimos estos días en Izquierda Unida para que hayan comenzado tan rápidamente los sacrificios rituales en honor de la diosa Democracia. Estos elementos, que siempre han sido ateos hasta la médula, han visto acumularse los nubarrones en el cielo político y han decidido que, antes de acabar partidos por un rayo, era conveniente pagar su tributo de sangre.

Y el que ha sido elegido para ascender a la pira sacrificial no ha sido otro que ANV. Derrotado el sumo sacerdote Gaspi Llamazares, el nuevo druida que rige los destinos de la secta leninista ha decidido expulsar a los proetarras de la comunidad de creyentes, paso previo a su completa aniquilación política. Eso sí, siempre y cuando una mano divina no detenga el cuchillo y sustituya la víctima propiciatoria por otra más agradable, a ser posible de entre la derecha.

La excusa para la ruptura ha sido que ANV no ha condenado el asesinato de Isaías Carrasco. ¡Qué cosas! Que me recuerden una sola ocasión en que sí lo hayan hecho. Ni como partido independiente, ni como parte de la coalición Herri Batasuna. En el colmo de la desvergüenza, Ángel Pérez aseguraba que, al tener Izquierda Unida una organización federal tan independiente, los órganos ejecutivos federales no sabían que ANV gobernaba en Mondragón con el apoyo de Izquierda Unida.

Esperen un momento: voy a descojonarme un rato (.............................................) Ya, ya he vuelto.

Estoy absolutamente convencido de que este cambio de actitud con respecto al entorno etarra no tiene nada que ver con el descalabro electoral que ha sufrido Izquierda Unida el día 9. Porque si así fuese, significaría que este partido se sitúa al lado de los grupos terroristas cuando le conviene, y los abandona cuando ve que le quita votos. Y ésa, y no otra, es la medida que tiene esta gente para valorar la libertad, la igualdad y, en una palabra, la vida de las personas.

Debe de ser por eso que no son realmente ateos, sino agnósticos; creen que debe existir una Diosa Democracia, pero no piensan mucho en ello porque en nada afecta a sus vidas. Todo lo que tienen que hacer, cuando las cosas se pongan mal, es inmolar a un cabrito en su honor.

El problema es que, mientras tanto, los que mueren son siempre los mismos.

miércoles, 5 de marzo de 2008

Utilizar el terrorismo

Sé por amarga experiencia que la mayoría de la gente es capaz de hacer suyo un argumento a todas luces falso si éste es suficientemente repetido desde el poder o desde los medios de comunicación. Me hacía eco en el post anterior del mito de la abstención, que viene utilizando desde hace años el Partido Socialista para argumentar que el Partido Popular intenta imponer comportamientos antidemocráticos para alcanzar el poder.

Por desgracia, no es éste el único ejemplo. Lamentablemente, el partido que nos gobierna es experto en propalar infundios, mentiras y mitos que, debidamente repetidos y amplificados, sirven de coartada a su falta de eficacia en la labor de gobernar, a su sectarismo ideológico y a su intento de perpetuarse en el poder al precio que sea.

Muchos ejemplos hay, como digo, de las falacias de este gobierno, pero hay una que me produce especial tristeza, además de una profunda repugnancia. Reconozco que se me pone el estómago del revés cada vez que oigo a algún representante del PSOE acusar al PP de utilizar el terrorismo como arma electoral, cuando se llegó a un acuerdo para no hacer precisamente eso.

Y a partir de aquí, vía libre. No se puede criticar que el gobierno desmonte el aparato policial de la lucha contra ETA, porque es utilizar el terrorismo con fines partidistas. No se puede denunciar que un chivatazo desde la sede del PSOE impidiese detener a la red de extorsión de ETA
porque es utilizar el terrorismo con fines partidistas. No se puede exigir que se deje de negociar políticamente con los terroristas porque es utilizar el terrorismo con fines partidistas. No se puede obligar al gobierno a ilegalizar a los partidos batasunos porque es utilizar el terrorismo con fines partidistas.

En otras palabras: el gobierno puede vender el Estado a los terroristas, y la oposición debe permanecer callada, porque siempre recibió el apoyo leal del PSOE. ¡Pero cómo se puede tener tanta cara! ¡Cómo se puede mentir de forma tan desvergonzada! Y el PP, KO, sin capacidad ninguna de reacción.

Vamos a hacer un poco de memoria. El pacto al que se refiere el PSOE existe, realmente. Fue consensuado hace ya años por el gobierno socialista de Felipe González y la oposición popular (no recuerdo si ya dirigida por José María Aznar). El objetivo no era otro que evitar acusaciones hirientes al gobierno cada vez que ETA cometía un atentado. Es triste, pero lamentablemente cierto, que se había llegado a la desfachatez de echarle en cara al gobierno los muertos de ETA (Este año le han matado a usted a 50 personas, y, ¿qué ha hecho para evitarlo?). Sonroja sólo recordarlo.

Pero pareció que a la clase política le entró un mínimo de decencia, y llegaron al acuerdo de que ese espectáculo bochornoso no debía volver a repetirse. A partir de entonces, los únicos culpables de los muertos eran los terroristas, y se asumía que el gobierno hacía todo lo posible por acabar con él. Los medios para conseguirlo eran criticables y muy criticados, pero nunca se volvió a acusar al gobierno de un atentado de un grupo terrorista. Ésa fue la esencia del pacto, y no una carta blanca al gobierno para que hiciese y deshiciese a su antojo. Pero Zapatero sigue aferrándose a este compromiso cada vez que se le recuerda que no está luchando contra ETA.

De todas formas, y aunque no soy en absoluto partidario de la táctica del ...y tú más, si queremos buscar un ejemplo claro de utilización política de un atentado terrorista, no tenemos más que volver la vista a los días 11, 12, 13 y 14 de Marzo de 2004, cuando desde TODOS los partidos de la oposición se culpó al PP de los atentados del 11, por la guerra de Irak, por soliviantar al amigo marroquí con la escaramuza de Perejil, por haber infravalorado el peligro de un atentado islamista y sobrevalorado el etarra... Para todos, el culpable de los atentados no era un grupo de terroristas, sino el PP. Y se encargó de recordarlo en las calles todos los días hasta las elecciones una turba que no dejó de llamar asesinos a los dirigentes, afiliados, votantes y simpatizantes del PP.

Si queremos buscar un ejemplo claro de utilización política del terrorismo, sólo tenemos que volver la vista al pasado lunes tres de Marzo, cuando en el segundo debate electoral, Zapatero se ufanaba de que durante su gobierno sólo habían muerto cuatro personas a manos terroristas, mientras que en el de Aznar fueron 250. Vergonzoso.

Eso es utilizar el terrorismo, y no recordar al gobierno que su deber es acabar con ETA, sin cesiones.

domingo, 17 de febrero de 2008

Suelo y techo

Uno de los tópicos más utilizados por la progresía española es que España es de izquierdas. Así, porque lo digo yo, por el artículo 33. Si alguna vez la derecha ha gobernado ha sido porque ha cultivado el horrible virus de la abstención. Son este tipo de comportamientos antidemócraticos los que, según la izquierda, favorecen a los conservadores.

Según el análisis político de la izquierda, esta abundante mayoría proporciona un suelo muy estable
que sustenta al PSOE incluso ante las situaciones más adversas. Por el contrario, la derecha se encuentra maniatada por una base electoral muy escasa, que le hace tener un techo también muy estable que le resulta casi imposible de romper. Las ocasiones en las que la derecha ha alcanzado o sobrepasado al PSOE (elecciones de 1993, 1996 y 2000) se han producido, siempre desde la interpretación de la izquierda, porque el electorado socialista se ha desmovilizado y, con el mismo número de votos (su techo) el PP ha conseguido superarlo en porcentaje.

Arriba pongo la evolución en voto total en todas las elecciones generales del Partido Popular (antes AP y coalición Popular) y el Partido Socialista Obrero Español. No se representan las variaciones derivadas del aumento de la población, pero es un error que afecta a ambos partidos, por lo que su significación es escasa. ¿Qué vemos en el gráfico? En primer lugar, que ambos partidos se beneficiaron en 1982 de la debacle de UCD, que repartió sus votantes entre ambos partidos.

En segundo lugar, vemos que la evolución de voto del PSOE ha sido muy estable a lo largo de los años, manteniéndose en torno a los 8 millones de votos. Ese debía de ser el famoso suelo del PSOE, 8 millones de votos que tenían asegurados, mientras que el PP no parecía poder pasar de 5 millones (su teórico techo
) al menos hasta 1989.

Pero algo pasó en 1993: ese año el PP casi igualó en escaños al PSOE. Desde este último partido se culpó a la abstención, que, efectivamente, había sido muy elevada, pero lo cierto es que el PP había superado en votos al PSOE, sumando 3 millones de nuevos votantes. En las siguientes elecciones la abstención siguió subiendo, alimentando la coartada socialista, pero los datos muestran que, mientras el PSOE no fue capaz de captar nuevos votantes, quedando anclado en su tradicional suelo de 8 millones de electores, el PP fue capaz de duplicar sus votos recibidos, pasando de 5 millones de votos en el año 1989 a 10 millones en 2000, pulverizando así su famoso techo.

El 11 de Marzo 2004, el mayor atentado de la historia de Europa Occidental marcó las elecciones del 14, dando la victoria al Partido Socialista por un escaso margen. La abstención descendió dramáticamente, dando alas de nuevo a aquellos que culpaban a la derecha de destruir la democracia para asentarse en el poder. El PSOE ganó cerca de 3 millones de votantes, mientras que el PP perdió algo menos de medio millón. No hubo, por tanto, un traspaso evidente de votantes entre el PP y el PSOE, lo que pone de manifiesto que el electorado popular es muy fiel, y le proporciona, esta vez sí, un suelo muy firme que, además, no deja de crecer.

La victoria del Partido Socialista el año 2004 se fundamentó, por lo tanto, en la movilización de tres millones de electores que no eran votantes habituales del PSOE, más que en la pérdida de votantes por parte del PP. Esta movilización se debió, sin duda, a las campañas de agitación política de los días 11, 12 y 13 de Marzo. La pregunta, ahora, es: ¿Va a conseguir el PSOE mantener movilizada a toda esa gente? ¿O sería necesario otro imprevisto como el 11-M? Si el PP no pierde votantes (y todo hace pensar que no los perderá), volviendo a los niveles de 2000 o más, y el PSOE no consigue movilizar al electorado más extremista (y todo hace pensar que no lo logrará), volviendo a sus niveles históricos de votantes, no sería descabellado pensar que el PP está en condiciones, no sólo de ganar las próximas elecciones generales, sino incluso, de conseguir la mayoría absoluta. A pesar de lo que digan las encuestas.

Los socialistas lo saben, y por eso están tan intranquilos. Por eso les conviene tensión y dramatizar. Por eso llevan semanas cometiendo errores imperdonables para un político de primer nivel. ¿O no son errores? Después de que pidiesen el voto para el Partido Socialista los actores, intelectuales, los musulmanes, los homosexuales, los sindicatos y no sé cuánta gente más (cosa que tienen todo el derecho a hacer) fue ayer el propio Rodríguez Zapatero el que pidió el voto para su partido, 9 días antes de que dé comienzo la campaña electoral. Y a eso sí que no tiene derecho.

Y todavía no hay noticias de la Junta Electoral Central.

viernes, 15 de febrero de 2008

Algo se mueve

A muchos nos sorprendió que el estudiante cubano Eliecer Ávila hubiese tenido la osadía de preguntar al presidente del parlamento cubano, Ricardo Alarcón algo que en pleno siglo XXI repugna a cualquier persona decente: por qué los cubanos no pueden viajar a donde les dé la gana, con el pretexto que quieran, si tienen capacidad para hacerlo. Si bien es cierto que quiso rebajar tensión aludiendo a una supuesta visita a la tumba de Che en Bolivia, muchos pensamos que la vida en libertad de este chaval tenía los días contados.

Y, efectivamente, unos días después nos enteramos de la "desaparición" del estudiante, quien apareció de nuevo pasadas unas fechas, visiblemente nervioso, jurando que lucharía siempre por la revolución y justificando su ausencia por una operación de las muelas del juicio, de la que, al parecer, se recuperó extraordinariamente pronto (cuánto tenemos que aprender todavía de la maravillosa medicina cubana).

Supongo que alguien podría llegar a pensar que Eliecer Ávila, y con él, el resto de compañeros de la universidad que le acompañaban, se había vuelto loco. Sólo a un loco se le ocurriría entrar en cueva del oso para meterle la mano en la boca, mientras le tira de las orejas. A un loco o a alguien que desea convertirse en héroe y mártir de una causa. Pero creo sinceramente que Eliecer no lo es. Ni loco, ni héroe ni mártir. Creo sinceramente que fue utilizado para demostrar a los cubanos que nada ha cambiado dentro del régimen. Que los excesos verbales se pagan, más, incluso, que antes.

Pero, ¿por qué era necesario este golpe de efecto en este momento concreto? ¿No tiene meridianamente claro el pueblo cubano que el que se mueve no sale en la foto... nunca más? Entonces, ¿qué sentido podría tener este toque de atención?

Curiosamente, hace unas semanas, Silvio Rodríguez, juglar oficial del régimen castrista, hizo unas declaraciones prácticamente idénticas a las de Eliecer Ávila. Criticó que los cubanos no pudiesen alojarse en hoteles dentro de la isla, y que no pudiesen viajar al extranjero cuando quisiesen y volver cuando les viniese en gana. Argumentó que, si bien estas medidas tuvieron su razón de ser en algún momento, hoy estaban completamente superadas.

Y, tras estas declaraciones, ¿está Silvio Rodríguez en la cárcel? Evidentemente, no. El gobierno Castrista no podría permitirse el lujo de encerrar a su más internacional embajador. Pero no podía dejar creer a sus súbditos que se había abierto la veda de las críticas al gobierno. Por eso es más que evidente que el episodio del parlamento fue preparado. Alguien engañó a esos estudiantes. Alguien les dijo que fuesen sinceros, que no iba a haber ningún tipo de represalias. Y Eliecer picó, y se convirtió en el perfecto escaparate que el gobierno necesitaba para demostrar qué les pasa a los que sacan los pies del tiesto.

Pero entonces, ¿qué fue lo que llevó a Silvio Rodríguez a hacer esas declaraciones? ¿Es que está perdiendo la fe en la gloriosa revolución comunista? ¡Ca! Pocos hay más recalcitrantes que este trovador del Gulag castrista. Entonces, ¿Qué es lo que no cuadra?

Fidel se muere. Eso es evidente. Es algo fisiológico. Aunque aniquile por traición a la mitad de la población de la isla acabará muriendo. Y dentro de los resortes del poder de su gobierno están empezando a tomar posiciones. Sabemos muy poco del reparto de poderes en su régimen, que siempre se ha mostrado al mundo como un bloque monolítico. Pero sí sabemos que su hermano Raúl controla el ejército, y tiene problemas para hacerse respetar por el poder civil. Es por eso por lo que, aun habiendo tomado de forma nominal el relevo de su hermano, no está actuando (al menos cara al exterior) como un verdadero jefe de estado. Podemos, por tanto, suponer, que el poder civil no le es fiel, y está esperando el momento para hacerse con el control. La única forma que tiene de hacerlo es mantenerse lo más cerca posible de la línea dura oficial, quizás con la intención de, una vez muerto Castro, y con la ayuda y el apoyo de Venezuela, establecer un control férreo sobre las estructuras civiles y comenzar una serie de purgas en el ejército que les aseguren su obediencia.

¿Qué opción le puede quedar a Raúl Castro? Con el único apoyo del ejército, si quiere evitar un baño de sangre en Cuba, la única baza que puede jugar es lograr la aceptación por parte de la opinión pública internacional. Y, en un país sin apoyos, aislado desde la caída de la Unión Soviética, eso pasa forzosamente por el acercamiento a los Estados Unidos.

¿Podría estar Raúl Castro jugando la carta de una moderación y un aperturismo que le pusiese en ventaja en la carrera sucesoria? Podría ser. Sería incluso deseable, ya que una nueva Perestroika en Cuba seguramente repetiría los resultados que tuvo en la Europa del Este: un derrumbe completo del comunismo.

Y, ¿qué tiene que ver Silvio Rodríguez en todo esto? Simplemente, parece que ya ha tomado partido. Ha apostado a que en la carrera por la sucesión el caballo ganador será Raúl Castro, y quiere estar bien situado para cuando esto suceda. Mientras tanto, el gobierno cubano está decidido a mostrar a todo el mundo que su línea es la de los últimos cincuenta años, y en su demostración se ha llevado por delante a Eliecer Ávila, que, como todo el mundo sabe, no es Silvio Rodríguez.

De todas formas, esa indiscrección del bardo oficial del tirano lleva a pensar que, quizás, después de medio siglo de dictadura, algo se está empezando a mover en Cuba.