viernes, 29 de junio de 2012
Salir de la crisis (II)
miércoles, 20 de junio de 2012
Salir de la crisis (I)
miércoles, 11 de abril de 2012
Recortes y repagos
martes, 17 de enero de 2012
Nos suben los impuestos
Y no es que piense que haya que dejar de pagar impuestos. Hasta yo soy consciente de que es la única forma de financiar el gasto público. Lo que sí me parece es que, si no hay suficiente dinero para financiar ese gasto público, lo que hay que hacer es reducirlo, no intentar buscar fuentes adicionales de financiación. Como escuché en algún lugar, los años de bonanza económica se aprovecharon para incurrir en una serie de gastos superfluos, financiados por el abundante dinero circulante; pero ahora que no existe ese dinero, en lugar de regresar a los niveles de gasto anteriores al boom, lo que se pretende es sangrar (más) a los contribuyentes para poder mantener una estructura pública completamente insostenible.
Porque aumentar los impuestos en épocas de vacas flacas implica asumir que las nóminas de los ciudadanos son una especie de cornucopia de la que se puede sacar ilimitadamente según las necesidades del gobierno de turno. No entienden que los recortes que ellos no quieren hacer deben ser, finalmente, asumidos por los ciudadanos que ven cómo cada vez tienen menos dinero en su nómina. Que no poder pagar un seguro médico complementario de la Seguridad Social es un recorte en Sanidad; que no poder comprar determinado material didáctico para los niños es un recorte en Educación; que no poder asistir a un concierto, o visitar una exposición es un recorte en Cultura…
Dicen ahora que no hay más remedio. Que se han encontrado con un agujero más grande de lo que preveían y que sólo con los recortes que van a hacer no bastará para contener el déficit. Pero yo sí creo que hay más remedio. Yo sí creo que hay mucho gasto público del que tirar antes de saquear las nóminas de los ciudadanos. Yo sí creo que deberíamos negarnos a pagar más impuestos; personalmente, yo me niego a pagar más impuestos…
- Mientras se sigan financiando con ellos partidos políticos, sindicatos y patronales varias.
- Mientras se sigan subvencionando actividades antieconómicas, como energías alternativas, coches eléctricos, obras de teatro, películas de cine y comercios justos varios. El que quiera alguno de esos productos, que lo pague.
- Mientras siga vigente el 1% cultural. Para el que no lo sepa, es la obligación que tienen todas las empresas concesionarias de obra pública de dedicar al menos el 1% de la concesión a obras de conservación del patrimonio cultural. Al final, en lo que se traduce esto es en un sobrecoste de la obra y en una puerta abierta a la corrupción y el trinque.
- Mientras siga siendo obligatorio “adornar” las obras y edificios públicos con “obras de arte” de “artistas” nacionales. Estoy harto de ver enormes bodrios de cientos de miles de euros en todas y cada una de las rotondas por las que paso.
- Mientras siga habiendo una sola televisión pública, nacional, autonómica o local. Si es rentable, se subasta, y si no lo es, se cierra y se libera el espacio radioeléctrico que ocupaba para otras televisiones (lo mismo aplica para las radios).
- Mientras se sigan contratando cantantes de relumbrón para que amenicen nuestras fiestas populares; es más: mientras se sigan pagando con cargo a los presupuestos municipales las mil y una fiestas patronales de los mil y un pueblos de España.
- Mientras se siga llevando a los jubilados a veranear a Benidorm y a los jóvenes a esquiar a Formigal.
- Mientras se siga financiando, con la excusa de la ayuda al Tercer Mundo, a todas las dictaduras bananeras que en el mundo existen.
- Mientras haya una sola ONG que sobreviva gracias al dinero público (¿NG no significaba No Gubernamental?).
- Mientras haya una sola embajada, o delegación comercial, o como quieran llamarla, de cualquier comunidad autónoma, provincia o localidad, en el extranjero. Para eso tenemos una amplísima red de embajadas y consulados dependientes del Ministerio de Asuntos Exteriores.
- Mientras sigamos teniendo trece ministerios. ¿No están transferidas casi todas las competencias a las comunidades autónomas?
- Mientras siga existiendo el Instituto Nacional de Empleo y sus diecisiete réplicas.
- Mientras siga existiendo un Congreso de los Diputados y un Senado. Con uno de los dos basta.
- Mientras siga habiendo una sola empresa pública.
- Mientras los bancos sigan recibiendo dinero público (en forma de Frobs, fondos de rescate, recapitalizaciones y mamandurrias varias).
Hay más sitios de donde recortar, pero no quiero hacer esto más largo. De todas formas, creo que como muestra es suficiente. Y no se han tocado aquí ni sanidades, ni educaciones, ni pensiones, ni seguros de desempleo, ni seguridad, ni dependencias, ni transportes… Es decir, nada de lo tradicionalmente “sensible” del mal llamado Estado del Bienestar.
El problema es que, aunque me niegue a pagar más impuestos, no voy a tener más remedio que hacerlo porque, aunque yo no tengo ninguna capacidad de obligar a mi empresa a que me suba el sueldo, el Gobierno sí que tiene la capacidad de obligarme a mí a subirle el suyo. Así, a base de estacazos, no queda más remedio que subir los impuestos.
lunes, 12 de diciembre de 2011
Ministrables
Andan los ánimos revueltos en la calle Génova. Se acerca el momento en el que el nuevo gobierno deberá tomar posesión para enfrentarse a la que es, probablemente, la mayor crisis social, política y económica del último siglo. No hay ninguna garantía de que el intento vaya a acabar en éxito, pero dependerá, en gran medida, de los nombres que vayan a hacerse cargo de los puestos de relevancia.
Todos los medios están manejando sus propias listas, haciendo sus quinielas, incapaces de penetrar en el insondable cuaderno azul de Aznar que ahora tiene Rajoy. ¿Quién estará apuntado en esa libreta? De los nombres que contenga dependerá, muy probablemente, la forma que tendrá el gobierno de enfrentarse a la crisis. Si Fulanito está en Economía, Menganito en Fomento y Zutanito en Trabajo, tendremos un gobierno básicamente austero; pero si están estos otros, seguramente tiraremos por la senda del gasto público, y si son los de más allá, puede que nos frían a impuestos…
La sensación de parálisis institucional que hay ahora mismo con respecto a España es tal, que cualquier rumor, cualquier insinuación, cualquier movimiento, por pequeño que sea, es inmediatamente devorado por los medios, los gobiernos extranjeros, los organismos internacionales, los “mercados”… intentando obtener una pista sobre cuál va a ser el rumbo que tomemos una vez termine el traspaso de poderes.
Los más osados intentan acudir a las fuentes. Abordan a Fulanito, Menganito y Zutanito en la calle e intentan que se les escape alguna primicia. Sin embargo, todo lo que consiguen es un lacónico “nosotros estamos igual, no sabemos nada, estamos muy nerviosos por si nos toca…”
Un momento: ¿no saben nada? ¿Están diciendo realmente que aquellos que serán ministros dentro de dos semanas todavía no saben que lo van a ser? Y, en caso de que sea así, ¿a qué esperan para saberlo? Han criticado (con toda la razón del mundo) al gobierno en funciones por no haber acelerado el traspaso de poderes, y nos enteramos de que los que se van a hacer cargo de los ministerios están de vacaciones, disfrutando de un merecido descanso después de la agotadora campaña electoral…
En una situación como la que estamos, los nombres del nuevo gabinete deberían haber estado decididos desde el día posterior a la convocatoria de elecciones. Es cierto que, por respeto al sistema democrático, esa decisión no debe hacerse pública, pero los nuevos ministros deberían estar trabajando en sus nuevas responsabilidades desde ese momento. Después, tras la victoria electoral por mayoría absoluta, la composición de ese gobierno debería haberse hecho pública de inmediato para que los ministros entrantes se encargasen del traspaso de poderes junto con los salientes.
Lo que no tiene ningún sentido es que este traspaso lo estén realizando los portavoces, mientras que la Ministra de Cultura está en Moscú de vacaciones, la Ministra de Economía está en México labrándose un futuro, el Ministro de Fomento está echando gasolina al coche y el resto… bueno: el resto de ministros ya no estaban antes tampoco, así que…
Espero sinceramente que las cosas no estén sucediendo así. Espero sinceramente que los nuevos ministros lleven trabajando, al menos, desde el mes de septiembre, y que el secretismo del que está haciendo gala Rajoy sea sólo una impostura de cara a la galería. Porque como no sea así… empezamos bien.
martes, 11 de octubre de 2011
Replicante
"He visto cosas que nunca creeríais: atacar naves en llamas sobre el hombro de Orión; he visto Rayos C brillar en la oscuridad cerca de las puertas de Tannhäuser… Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como las lágrimas en la lluvia. Es hora de morir…"
De lo que Roy (el novedoso replicante Nexus 6) se lamentaba, en su agonía, era de la terrible injusticia de la finitud de su propia vida. Consciente de que fue creado con una fecha de caducidad, fija, inamovible, pero desconocida, se angustiaba hasta el punto de malgastar los últimos momentos de su existencia en buscar a su creador a la espera de respuestas.
¿Qué respuestas buscaba el replicante? Ni siquiera él lo sabía. Conocer por anticipado la fecha del fin de su existencia no cambiaría en nada el hecho de que debe morir, por lo que conocer el momento sólo serviría para aumentar su angustia. ¿Qué buscaba, entonces, en su creador? ¿Qué podía ofrecerle en sus postreros momentos? No podía reconfortarlo, no podía ofrecerle ningún consuelo ante la perspectiva de dar el salto definitivo a la vacuidad.
No; Roy no buscaba respuestas: Roy quería matar a su padre; hacerle pagar por el crimen de haberlo hecho imperfecto: tan superior en todos los aspectos a los humanos… pero con la certeza de su propia destrucción pendiendo sobre su cabeza como una Espada de Damocles.
Era injusto. Él no podía desaparecer; él había visto cosas que nadie creería, cosas que no podían desaparecer en mitad de la noche como un chispazo de luz. Alguien tenía que pagar por tal vileza: su creador debía morir con él.
Lo que Roy nunca pudo entender es que él, de la misma forma que el resto de los replicantes, no era especial en absoluto. De la misma forma que él, todos hemos visto cosas que los demás no creerían; todos tenemos nuestro bagaje de cosas maravillosas que se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia; porque incluso las maravillas que hemos conseguido transmitir a los demás han anidado en nosotros de una manera única e irrepetible, de una manera que se perderá irremediablemente cuando entreguemos nuestro último aliento.
Nosotros también tenemos nuestra fecha de caducidad, fija, inamovible, pero desconocida. Nosotros también nos encaminamos, paso a paso, hacia ese punto en el que deberemos ceder el sitio a los que vienen detrás, para darles la oportunidad de ver sus propias cosas maravillosas, cosas que los demás nunca creerían. Y, al igual que hacían los replicantes, esa incertidumbre, esa angustia, nos impele a buscar a nuestro Creador en busca de respuestas. ¿Qué respuestas?
Ni siquiera nosotros lo sabemos. Saber el día de nuestro fin no cambiaría el hecho de tener que dar el salto a la inmensidad. El miedo ante lo desconocido se une al hecho de la indignación por nuestra propia pérdida, y, al igual que los replicantes, buscamos la muerte de nuestro Creador, para castigarlo por tan gran injusticia. Y una vez que ha muerto, una vez que nos hemos asegurado de estar solos en nuestra existencia, asumimos que nada cambia el hecho de que hemos sido creados con fecha de caducidad, y que ahora no hay nadie a quien podamos pedir explicaciones.
Roy terminó sus días angustiado porque había acabado con la única persona que podía haberle dado alguna pista acerca del sentido de su vida y de su muerte. Murió solo, porque no pudo aceptar que las vidas que dejaba atrás valían, al menos, tanto como la suya. Y murió aborrecido por los demás, porque su propio endiosamiento, tras haber matado a su padre, le hizo aceptar que podía disponer de la vida de los demás para aplacar su rabia y ocultar su impotencia.
A lo mejor no es tan mala idea aceptar que nuestro Creador se encuentra, en realidad, al otro lado, donde podremos obtener las respuestas a las preguntas que aún no conocemos, mientras esperamos, despreocupados, a que llegue esa fecha de caducidad que nadie en este mundo conoce.
Al final, todo aquel que se considera a sí mismo un dios, cuando se enfrenta a su propia insignificancia, descubre que no pasa de ser un vil demonio.
lunes, 3 de octubre de 2011
Patrimonio
No es justo que, mientras que yo no puedo comprar la comida que me gustaría, o no puedo hacer frente a mi préstamo hipotecario, o directamente he perdido el piso, otros se compren un coche nuevo, o se vayan de vacaciones, o lleven a sus hijos a un colegio de pago.
Por eso, es de justicia que, mientras que las cosas no vayan bien, los que más tienen hagan un esfuerzo y contribuyan a que los más desfavorecidos puedan salir de esa situación. Para ello, el Gobierno ha decidido “rescatar” el Impuesto de Patrimonio, para recaudar un 1% de las grandes fortunas. De esta forma, se obtendrán mil millones de euros, que se dedicarán a la creación de empleo.
¿Y quiénes son los que más tienen? ¿Quiénes son esas grandes fortunas que se sacrificarán por los más necesitados? Amancio Ortega, Isidoro Álvarez, Tita Cervera, Cayetana Fitz-James, Florentino Pérez… Todos esos ricos asquerosos que han amasado su fortuna explotando al trabajador, especulando con el dinero de todos o a base de pelotazos urbanísticos.
Pero con esta gente no se llega a lo que se necesita recaudar. Hay que aplicar el impuesto a otros que no tienen tanto… pero que aun así, siguen teniendo mucho. 700.000 euros es un fortunón que ya lo quisieran muchos, así que ése es el límite a partir del cual uno es lo suficientemente rico como para ser considerado un rico asqueroso.
Pero, ¿son realmente descabellados los patrimonios de un millón de euros (descontando los primeros 300.000 de la vivienda habitual, que están exentos)?
Un matrimonio que conozco entraría dentro de esta categoría. La verdad es que no les ha ido mal en la vida: él ha tenido un buen puesto en una gran empresa de informática, hasta que se jubiló; ella viene de una familia de la alta burguesía vasca, por la cual tiene participaciones en una empresa siderúrgica de Bilbao, que le ha ido dando unas rentas aceptables.
Estas dos entradas de dinero les han permitido vivir acomodadamente. Sin grandes lujos: no tienen un Ferrari, sino un Mondeo; no veranean en la Costa Azul, sino en Gandía; no tienen un lujoso yate en Marbella, ni tan siquiera un pequeño fueraborda. Eso sí, tienen un buen piso en una zona céntrica de Madrid, y un chalet de capricho en una urbanización nada exclusiva de la Sierra Oeste.
Pero hace unos años, él se jubila, y el sueldo que acostumbraba a llevar a casa se ve drásticamente reducido. Además, hace aparición la crisis, y una serie de inversiones erróneas realizadas por la siderúrgica hace que quiebre, con lo que se acaban también las rentas. En ese momento, es prioritario cancelar todos los gastos superfluos, pero el chalet de la Sierra es un saco sin fondo que se come todos los ahorros; hay que venderlo como sea, pero, debido a la crisis, lo que se ofrece por él ni siquiera pagaría la hipoteca. Están en un serio aprieto…
Entonces llega Rubalcaba y decide que, al tener dos inmuebles con un valor catastral de alrededor de un millón de euros cada uno, forman parte de esa casta privilegiada que vive a cuerpo de rey y a la que hay que sangrar para recaudar más y alimentar a la insaciable máquina de gastar que es el Estado.
Afortunadamente para esta historia, en la Comunidad de Madrid no se aplicará el nuevo viejo impuesto. De haber sido de otra forma, este matrimonio habría tenido que pagar un total de veinte mil euros (y otros veinte mil el año que viene); un total de casi ocho millones de pesetas de los que, en este momento, no disponen.
¿Qué opciones les quedarían en el caso contrario? Vender el chalet; con urgencia, a cualquier precio, asumiendo una minusvalía de aproximadamente 400.000 euros, quedándose con una hipoteca millonaria por un inmueble que ya no poseen, y procurando gastar el dinero obtenido, para que no compute como patrimonio el año que viene.
De esta forma, un impuesto diseñado para recaudar 40.000 euros ha tenido el efecto de disminuir su patrimonio en 400.000. ¿Un 1%? El que quiera que haga las cuentas y llegue a sus propias conclusiones.
Mientras tanto, Amancio Ortega, Isidoro Álvarez, Tita Cervera, Cayetana Fitz-James y Florentino Pérez tienen su patrimonio convenientemente blindado, a nombre de sus empresas o de sociedades varias, cuando no se les aplican deducciones por los motivos más peregrinos.
Al final, señor Rubalcaba, los impuestos los pagan siempre los mismos. Lo que tiene que hacer antes de aumentarlos… es dejar de gastar.
Como hacemos todos.