Al final, la sangre no ha llegado al río, y el río no ha anegado medio Louissiana, como muchos llevan esperando desde hace tiempo.
Cuando hace tres años el Katrina provocó una catástrofe en Nueva Orleans, millones de gargantas elevaron su voz para clamar contra el cambio climático, que había producido ese ciclón asesino. Dejándose arrastrar por la corriente, los funcionarios del IPCC, y sobre todo, el ilustre Al Gore, vaticinaron que el aumento de la temperatura en el Golfo de México produciría en el futuro un aumento en el número e intensidad de los ciclones en el Atlántico Norte. Y claro, el problema del IPCC es que resulta de lo más convincente... excepto cuando hace predicciones a corto plazo, ya que, hasta la fecha, ninguna se ha cumplido.
Llevan desde hace tres años esperando el huracán que se lleve por delante todo el sur de Estados Unidos para poder emerger de entre las tierras anegadas con el "te lo dije" de la autosatisfacción. Pero la Naturaleza se resiste a darles la razón. Cada año permanecen atentos a sus pantallas para ver si, esta vez sí, el Armaggedon se desata sobre las tierras bajas del río Mississippi, para regresar después a sus cubiles esperando el próximo ciclón. Y es que, aunque les duela, el número de huracanes y su intensidad han descendido desde el Katrina.
Este año todo estaba de cara. Gustav, un ciclón de categoría 4, entraba en el Golfo de México tras haber golpeado Cuba, Haití y Puerto Rico, y se dirigía directo hacia Nueva Orleans. Las noticias fueron unánimes: se fortalecerá durante su paso por el mar para llegar a Louissiana con categoría 5 y vientos de más de 300 kilómetros por hora. Era el desastre. La ciudad estaba sentenciada. Se organizó la evacuación de más de dos millones de personas. Bush se atrincheró en el gabinete de crisis y Gore se agazapó en su madriguera dispuesto a saltar sobre las centrales térmicas...
Sin embargo, dispuesto a llevar la contraria al IPCC, Gustav perdió intensidad a su paso por Cuba y entró en el Golfo de México con categoría 3. Los expertos auguraron un fortalecimiento durante su travesía por el recalentado mar y su llegada a la costa igual de destructivo, pero, lejos de obedecer las órdenes de los salvadores del planeta, el indisciplinado huracán siguió perdiendo fuerza para llegar al delta del Mississippi con categoría 2 y convertirse de inmediato en una tormenta tropical, en su camino hacia Texas.
Ya se está formando un nuevo ciclón en el Atlántico (Hanna), pero parece que habrá que esperar al año que viene para contemplar la tormenta perfecta que borre a la tóxica raza humana de la faz de la tierra.
Definitivamente, lo que no deja de aumentar es el número de tontos de categoría 5, que, además, se están fortaleciendo.